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jueves, 28 de enero de 2016
Dejar de chocar con las raíces...¡Y volar!
No entiendo esta sociedad. Crea enfermedad.
Estudia 20,25,30 años, es el tiempo que tardan en moldear tu mente, en encogerte los huesos hasta que tu cuerpo se convierte en una pieza de puzzle y encaje con lo que se han inventado.
Como los pies de una geisha, has aprendido a someterte, ahora camina.
Y trabaja. Que el trabajo dignifica.
Y para que no nos demos cuenta de que somos esclavos, nos dan un jornal, una promesa de libertad que sólo es eso, una promesa rota.
Sabemos que con papel no se vuela, pero seguimos intentándolo y llegamos a volar tan alto, que chocamos con las raíces.
Es hora de que nos demos la mano y cojamos carrerilla.
Es hora de que miremos a las águilas, que están ahí para enseñarnos el camino hacia el sol. Y volemos.
lunes, 18 de enero de 2016
Poesía - Varios Cuerpos
“ Caminé hasta el mar,
sólo para lanzar piedras a unas olas,
Que, a juzgar por la espuma- estaban más furiosas que yo
Y cuando la marea me devolvió las piedras de vuelta,
me las metí todas en los bolsillos.
Y ahora están tan llenos de miedos que mis pies no aguantan el peso de mis pasos.
Y caí de rodillas en la arena,
Derrotada, herida.
Casi olvidé que estaba viva. “
7 26 de la mañana.
Me he despertado con ganas de volar, de subirme a los lomos de un pájaro y tragar algo de libertad durante un segundo.
Pero de vez en cuando la vida es irónica y en vez de volar con los pájaros, estoy sentada en el asiento 9B de un AVE.
Aparentemente quieta, aparentemente inmóvil y sin embargo mis pensamientos viajan a más velocidad que el mismo tren.
Me siento extraña en mi propia piel.
A veces pienso que nací para ser orca, caballo, pingüino, loba, o delfín. De ahí que pueda capaz de entender a cualquier especie, menos a la mía. Menos a mí.
Así que si eres tan humano, que no eres capaz de ponerte en la piel de un canario, de entender la vulnerabilidad de una buitre… mejor que no sigas leyendo. No nos entenderemos. Jamás.
Me siento extraña porque no entiendo.
Porque nunca he entendido.
Y porque me niego a entender.
Y porque hoy, para variar – siento rabia.
Que también existe.
Está aquí porque estoy triste, porque la tristeza de vez en cuando se enquista, porque luchar contra dragones y perder todas las batallas en un día, agotaría a cualquier príncipe.
Y me da rabia.
Porque estoy perdida.
Alguien ha apretado un botón rojo, y ahora todo ha explotado.
Débil, dicen.
Hoy, mi vida es de asfalto y no sé el nombre de quién ha plantado semillas que no llegan a nacer.
En vez de árboles, en vez de frutas, me quedo con unas raíces deformes que destrozan todo al crecer.
sólo para lanzar piedras a unas olas,
Que, a juzgar por la espuma- estaban más furiosas que yo
Y cuando la marea me devolvió las piedras de vuelta,
me las metí todas en los bolsillos.
Y ahora están tan llenos de miedos que mis pies no aguantan el peso de mis pasos.
Y caí de rodillas en la arena,
Derrotada, herida.
Casi olvidé que estaba viva. “
7 26 de la mañana.
Me he despertado con ganas de volar, de subirme a los lomos de un pájaro y tragar algo de libertad durante un segundo.
Pero de vez en cuando la vida es irónica y en vez de volar con los pájaros, estoy sentada en el asiento 9B de un AVE.
Aparentemente quieta, aparentemente inmóvil y sin embargo mis pensamientos viajan a más velocidad que el mismo tren.
Me siento extraña en mi propia piel.
A veces pienso que nací para ser orca, caballo, pingüino, loba, o delfín. De ahí que pueda capaz de entender a cualquier especie, menos a la mía. Menos a mí.
Así que si eres tan humano, que no eres capaz de ponerte en la piel de un canario, de entender la vulnerabilidad de una buitre… mejor que no sigas leyendo. No nos entenderemos. Jamás.
Me siento extraña porque no entiendo.
Porque nunca he entendido.
Y porque me niego a entender.
Y porque hoy, para variar – siento rabia.
Que también existe.
Está aquí porque estoy triste, porque la tristeza de vez en cuando se enquista, porque luchar contra dragones y perder todas las batallas en un día, agotaría a cualquier príncipe.
Y me da rabia.
Porque estoy perdida.
Alguien ha apretado un botón rojo, y ahora todo ha explotado.
Débil, dicen.
Hoy, mi vida es de asfalto y no sé el nombre de quién ha plantado semillas que no llegan a nacer.
En vez de árboles, en vez de frutas, me quedo con unas raíces deformes que destrozan todo al crecer.
sábado, 16 de enero de 2016
The Hateful Eight (Los Odiosos Ocho)
The Hateful Eight es la película más localizada de Tarantino. Se desarrolla en exteriores en medio de la nieve y en un lugar llamado La Mercería de Minnie donde tiene lugar prácticamente toda la acción . Si habéis oído que vais a encontraros un western podéis ir desterrando esa idea. Una cinta no es un western porque se desarrolle en Wyoming o porque sus personajes lleven sombreros y botas de cowboy. Os encontraréis algo mucho más parecido a Asesinato en el Orient Express de Agatha Christie cambiando ¿quién es el asesino? por ¿quién ha envenenado el café?. Tampoco tiene el humor de Inglorious Basterds o Pulp Fiction pero prometemos que dos balas seguirán siendo suficiente para explotar cabezas y que la nieve esta vez no dará lugar a bucólicas escenas como el duelo entre Beatrix Kiddo y O-Ren Ishii sino a bizarras salpicaduras de sangre.
Las primeras acciones de la película se ven propulsadas por la genial música de Ennio Morricone (lo único que The Hateful Eight tiene de western) y por una fotografía limpia y poética. Una diligencia con su conductor y dos pasajeros recoge a dos hombres más por el camino a Red Rock en medio de la tormenta de nieve y paran el la Mercería de Minnie para refugiarse de la tempestad. Allí, La Horca con su prisionera camino de su ejecución por asesinatos, el cazarrecompensas y el supuesto Sheriff recogidos por el camino además del cochero tendrán que esperar a que cese el temporal junto con los hombres que ya se encuentran en el lugar y ver quiénes salen vivos del asunto. Resulta maravilloso y al nivel del típico malvado de cómic el personaje del Mayor Marquis Warren interpretado por Samuel L. Jackson así como el de Daisy Domergue que lleva a la perfección Jennifer Jason Leigh. Me enamoré de ella desde la primera vez que la vemos desafiante con su ojo morado y me ganó del todo al hacer un alarde de dignidad tras otro a lo largo de la historia. La narración aparece dividida en capítulos una vez más y las tres horas se pasan como si de hora y media se tratara.
En esta película, como en todas las suyas, Tarantino no muestra sólo una exhibición de sangre humana exagerada como muchos dicen sino que lleva al extremo el humor negro. Por eso no se trata de cine gore, porque dicho derramamiento tiene mucho de artístico y de moralizante. Me atrevo a decir tal cosa no porque afirme que ésa es la intención del director sino porque es el efecto que, particularmente en mí, consigue. Tarantino nos muestra la maldad más descarnada en muchos de sus personajes. Si bien es cierto que sus buenos no son nunca buenos del todo, en esta película podemos afirmar que directamente no se ve un ápice de bondad en nadie salvo en las maravillosas mujeres que ocupan la Mercería de Minnie antes de que todo comience y de las que desgraciamente no puedo hablar más para no estropearos la visita al cine. Sólo decir que dan ganas de quedarse allí sentadas con ellas a tomar café y hacer un paréntesis para dejar que se desarrolle otra película de talante amable. Hay dos maneras de resultar moralizante: diciendo qué se debe hacer o mostrando todo lo contrario de forma que la crueldad llegue a darnos náuseas. El Director elige siempre la segunda. Y surte efecto. Si los chavales vieran películas de Tarantino con diez años espabilarían y se les quitarían las ganas de ser unos malnacidos en el futuro. Apuesto por ello.
Por todo lo dicho, desde Blog Letraxx os recomendamos que vayáis a verla, la juzguéis y nos contéis qué os ha parecido.
miércoles, 13 de enero de 2016
Oyendo con los Ojos. Cecilia Paredes.
Lugar:
Tabacalera Promoción del Arte. Calle Embajadores nº 51, 28012,
Madrid.
Horarios:
- De martes a viernes de 12:00 a 20:00 hh.
- Sábados, domingos y festivos de 11:00 a 20:00 hh.
- Cerrado los lunes.
Precios:
Entrada gratuita.
Durante la
visita navideña de mi alter ego, con quien escribo en este blog,
decidimos visitar la exposición de Cecilia Paredes en la Tabacalera.
Se podrá visitar hasta el 17 de enero así que os
animo a aprovechar los próximos días para acceder a esta
interesante muestra de la artista peruana compuesta por fotografía,
escultura e instalaciones diversas.
Acercarse al
arte, adentrarse en este caso en una de las salas de la Tabacalera,
supone un acto de sacralidad para nuestro ateo espíritu. Cuando era
más joven y tenía lo que entonces consideraba una cabeza amueblada
y ahora veo como una mente poco flexible, en formación y demasiado
cuadriculada, solía preguntarme qué era arte y qué no lo era. Me
dio por preguntarle a una inepta estudiante de Bellas Artes y me
remitió al libro de no sé quién así que sólo pude reafirmarme en
que la chavala efectivamente era un folio en blanco. Mi criterio para
contestarme a mí misma solía ser, básicamente, la dificultad que
tuviera la realización física de la obra en sí de manera que
habría llamado arte a un cuadro de Boticelli sin dudarlo pero no era
capaz de entender qué podía tener de valioso el arte contemporáneo.
(Aunque era lo suficientemente prudente como para mantenerlo en
secreto.).
Una de las muchas veces que por esa época visité el Museo del Prado, ante un cuadro de Velázquez, entendí que un artista podía ser grande sin ser técnicamente perfecto. ¿Que Velázquez no es técnicamente perfecto? Siento decir que creo que no. Mirando uno de esos aburridos cuadros en los que un prepúber-pijo-pálido-de mejillas sonrosadas (Esto de los guiones en castellano no existe, niños, pero da igual. A la tita le gusta escribirlo así.) mira al espectador sentado al lomo de un caballo me di cuenta de que las patas del mismo habían sido dibujadas y corregidas varias veces y lo más fascinante de todo: el caballo seguía siendo una chapuza a nivel anatómico. Entonces pensé: puedo ser una adolescente incapaz de entender la profundidad del arte contemporáneo. Pero, ¿voy a negarle su talento a un pintor a quien siempre se ha considerado un coloso sólo porque tuviera un punto débil? Obviamente no. En ese momento me di cuenta de que si la perfección fuera el criterio a nivel artístico nos lo habríamos perdido TODO. Entendí también que me quedaba TODO por comprender acerca del arte. Y tiempo después supe por fin que el único criterio para saber qué es arte es que ponerte ante la obra te provoque sobrecogimiento.
Una de las muchas veces que por esa época visité el Museo del Prado, ante un cuadro de Velázquez, entendí que un artista podía ser grande sin ser técnicamente perfecto. ¿Que Velázquez no es técnicamente perfecto? Siento decir que creo que no. Mirando uno de esos aburridos cuadros en los que un prepúber-pijo-pálido-de mejillas sonrosadas (Esto de los guiones en castellano no existe, niños, pero da igual. A la tita le gusta escribirlo así.) mira al espectador sentado al lomo de un caballo me di cuenta de que las patas del mismo habían sido dibujadas y corregidas varias veces y lo más fascinante de todo: el caballo seguía siendo una chapuza a nivel anatómico. Entonces pensé: puedo ser una adolescente incapaz de entender la profundidad del arte contemporáneo. Pero, ¿voy a negarle su talento a un pintor a quien siempre se ha considerado un coloso sólo porque tuviera un punto débil? Obviamente no. En ese momento me di cuenta de que si la perfección fuera el criterio a nivel artístico nos lo habríamos perdido TODO. Entendí también que me quedaba TODO por comprender acerca del arte. Y tiempo después supe por fin que el único criterio para saber qué es arte es que ponerte ante la obra te provoque sobrecogimiento.
Es
precisamente lo que sentí al poner un pie dentro de la primera sala
en la que se disponen las obras de Cecilia Paredes. Me pareció un
viaje hacia lo humano desde la naturaleza. Un movimiento desde lo
terrenal representado por las plumas de las aves pintadas y con ello
sublimadas y desde los materiales y texturas hacia lo espiritual; lo
trascendente. Si además de amantes del arte sois, como yo, amantes
de las culturas precolombinas podréis disfrutar en esta exposición
de su huella y de la reinterpretación que hace la artista de sus
propias raíces culturales y su relación con las vidas de los
hombres y mujeres de hoy. Desde Blog Letraxx os recomendamos que no
os lo perdáis. El arte transforma lo percibido por los sentidos de
sensación en experiencia y la experiencia siempre merece la pena.
Si creéis que no vais a poder acudir a la exposición u os encontráis fuera de Madrid en el siguiente enlace podéis hacer una visita virtual.
Etiquetas:
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